Editorial Nº82 – 29 de julio del 2026

29.07.2026

¿De dónde surgen las campañas anti-Argentina?

Editorial Nº81 - 16 de julio del 2026

Por: nuevo PST


Durante el Mundial de Fútbol y una vez finalizado el torneo, las redes sociales se inundaron de campañas que presentaban a Argentina como el "villano" de la película. "Argentina es racista", "Argentina está favorecida por los árbitros", "Argentina es sionista", "Argentina es tramposa", "Trump apoya a Argentina": las redes se poblaron de todo tipo de consignas acompañadas por teorías conspirativas que sostenían que la selección contaba con el apoyo de la CIA, de Trump, de Israel o que la Copa del Mundo estaba destinada de antemano a quedar en manos argentinas.

El panorama se volvió todavía más confuso cuando comenzaron a multiplicarse nuevas explicaciones, más disparatadas aún, sobre el origen de esas campañas. Algunos afirmaban que "las campañas son de Putin y los rusos"; otros aseguraban que provenían de "Israel y el sionismo", sumando aún más explicaciones absurdas a las que ya circulaban.

Poco después comenzaron a aparecer también teorías surgidas desde la propia Argentina. "La final se perdió porque castigaron a Argentina por la bandera de Malvinas", sostenían algunos, junto con una larga serie de explicaciones conspirativas difundidas irresponsablemente por dirigentes políticos, referentes sociales y periodistas. Estas acusaciones cruzadas y toda clase de afirmaciones extravagantes cumplen una función: ocultar la realidad que se encuentra detrás del fenómeno.

La realidad es que detrás de estas campañas existe una feroz disputa entre grandes grupos empresarios por el control del multimillonario negocio del fútbol, una pelea que incluye también el control de la Selección Argentina.

En este artículo vamos a explicar en qué consiste esa disputa y por qué constituye la verdadera razón del lanzamiento de tantas campañas y teorías sobre Argentina. Para ello, comenzaremos analizando cómo la Selección Argentina se transformó en una gigantesca máquina de generar dinero al convertirse en una de las selecciones más populares del mundo.

Desde una perspectiva marxista sostenemos que esta explicación no puede ser ofrecida por quienes defienden el capitalismo, ya sean del peronismo, La Libertad Avanza o del PRO, porque todos ellos comparten la defensa del mismo sistema cuya descomposición da origen a semejantes campañas de odio y violencia. Tampoco pueden hacerlo las corrientes reformistas del FIT-U, cada vez más volcadas al electoralismo y a la disputa por cargos dentro del régimen.

Analizaremos esta lucha entre empresarios, banqueros y sectores políticos por apropiarse de los enormes negocios que genera el deporte más popular del planeta. Comenzaremos por examinar cómo se desarrolla esa disputa en Argentina y luego veremos cómo se expresa en el escenario del capitalismo mundial.

Una disputa por el control de los negocios millonarios de la selección más popular del mundo

Influencers, actores de Hollywood, periodistas deportivos de todos los continentes, dirigentes políticos, opinólogos y toda clase de figuras públicas se pronunciaron sobre Argentina porque cualquier contenido referido a la Selección garantiza miles de clics, reproducciones e interacciones, independientemente de su calidad. Esto ocurre porque la Selección Argentina es hoy uno de los equipos nacionales más populares del mundo, con millones de seguidores distribuidos en los siete continentes, un nivel de reconocimiento que muy pocas selecciones han alcanzado y que incluso supera al de potencias históricas como Brasil o Alemania.

Un solo dato permite dimensionar este fenómeno: más de un tercio de la población mundial vive entre China e India, y en ambos países la selección extranjera más popular es Argentina. Lo mismo ocurre en países asiáticos populosos como Bangladesh, Sri Lanka e Indonesia, donde la Selección despierta una adhesión masiva. También sucede en numerosos países de África, América Latina, Europa e incluso Norteamérica, donde el merchandising argentino supera ampliamente al de otras selecciones nacionales.

¿A qué se debe semejante popularidad? Sin dudas, la consolidación de la "Scaloneta" y la presencia del que muchos consideran el mejor futbolista de todos los tiempos, Lionel Messi, fueron factores determinantes. Sin embargo, reducir este fenómeno exclusivamente a Messi sería un error.

La realidad es que en los últimos cincuenta años, Argentina disputó seis finales de los trece mundiales jugados, es decir, alcanzó la final en casi la mitad de las Copas del Mundo disputadas durante ese período. A esta verdadera hazaña deportiva hay que sumarle que la selección se convirtió en la máxima ganadora de la Copa América. En países como Bangladesh, Escocia, India o Irlanda, la popularidad de Argentina se remonta a más de cuatro décadas, desde la época de Diego Maradona y "la mano de Dios", en la histórica conquista del Mundial de México 1986. Es la acumulación de éxitos deportivos durante décadas la que permitió que Argentina ocupara un lugar de privilegio en el fútbol mundial y contara con dos de los tres futbolistas más importantes de la historia: Maradona y Messi.

¿Cómo llegó Argentina a ocupar ese lugar? Aquí aparece uno de los aspectos más llamativos del fenómeno. Argentina no alcanzó esa posición por ser una potencia económica, ni por contar con grandes inversiones o multinacionales detrás de su desarrollo futbolístico. Por el contrario, se trata de un país capitalista atrasado, con gran parte de su población sumida en la pobreza y con una economía de escaso peso relativo en el escenario mundial. Desde la lógica del capitalismo, nada indicaría que pudiera convertirse en una de las marcas deportivas más poderosas del planeta.

Lo que explica el fenómeno argentino es otra realidad. Desde hace décadas, millones de niños y jóvenes de los barrios obreros y populares salen a jugar al fútbol en potreros y canchas humildes. De ese enorme semillero surgen miles de futbolistas con un talento excepcional que luego brillan en las principales ligas del mundo y, en muchos casos, son transferidos por cifras millonarias.

Argentina también produce entrenadores, preparadores físicos, periodistas especializados y una extensa industria vinculada al fútbol. Al mismo tiempo, posee una cultura futbolera con hinchadas que generan canciones, banderas y formas de aliento reconocidas internacionalmente. En definitiva, el posicionamiento mundial de Argentina sólo puede comprenderse por el impulso que nace desde abajo, de un pueblo pobre que invierte hasta el último centavo que tiene en su bolsillo para que sus hijos puedan a competir en este deporte. Esa es la verdadera base material sobre la que se construyó el ascenso de Argentina en el fútbol mundial.

Fruto de esta ubicación, los ingresos de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) superan ampliamente los 100 a 150 millones de dólares anuales, cifra que aumenta durante los años en que se disputan grandes competencias internacionales. La AFA firmó más de cincuenta acuerdos comerciales en Asia, Europa, Medio Oriente y América con empresas como Adidas y diversas marcas internacionales de tecnología, alimentos, criptomonedas y casas de apuestas, que generan entre 70 y 80 millones de dólares por temporada.

Los torneos internacionales aportan, además, entre dos y cuatro millones de dólares por fecha únicamente en concepto de venta de entradas. A ello se suman alrededor de tres millones de dólares por cada partido amistoso, además de los premios obtenidos en las principales competencias internacionales: 33 millones de dólares por el subcampeonato mundial de 2026, 16 millones por la Copa América 2024 y 42 millones por la conquista del Mundial de Qatar.

La enorme cantidad de dinero que genera la Selección Argentina desató una feroz disputa por el control de ese negocio, una pelea que expresa por sí misma la descomposición de las clases dominantes argentinas. Los casos de corrupción que involucran a dirigentes políticos y del fútbol son apenas un síntoma de ese proceso.

En ese contexto también surgió otra teoría conspirativa: que Argentina fue perjudicada deliberadamente en la final. Sin embargo, la Selección mostró durante el Mundial un nivel inferior al exhibido en las Eliminatorias. Llegó al torneo con numerosos jugadores en malas condiciones físicas. Aunque se trata de futbolistas millonarios, también son sometidos exprimidos hasta la última gota de sudor parte de los grandes clubes europeos, y muchos arribaron al campeonato con lesiones o un importante desgaste físico.

Argentina sufrió durante todo el torneo las consecuencias de esa situación. En el máximo nivel competitivo, disputar un Mundial con un plantel lesionado significa conceder enormes ventajas. En la final perdió además a sus dos defensores centrales y varios futbolistas jugaron muy por debajo de su plenitud física. La derrota frente a España fue el desenlace lógico de ese proceso. El resultado fue claro y no hubo ninguna conspiración.

Entonces, ¿de dónde surge la campaña que sostiene que Argentina perdió la final por amenazas o presiones políticas? Se trata de una campaña impulsada por un sector del peronismo para desviar la atención de los negociados que involucran a la dirigencia de la AFA, mezclando deliberadamente el resultado deportivo con las investigaciones por presuntos hechos ilícitos que afectan a esa institución, cuestión que analizaremos a continuación.

Una campaña del peronismo para ocultar los negocios con Milei y el PRO

Para comprender el sentido de esta campaña conviene formular una pregunta sencilla: ¿adónde va todo el dinero que genera la Selección Argentina?

Esa gigantesca masa de recursos no llega a los clubes que integran la AFA, ni a los miles de niños que practican fútbol, ni a sus familias, ni a los clubes de barrio. Ocurre exactamente lo contrario. Mientras los clubes atraviesan graves dificultades económicas —muchos de ellospráticamente quebrados—, las instituciones barriales sobreviven con enormes esfuerzos y las familias deben afrontar cada vez mayores sacrificios para sostener la práctica deportiva de sus hijos, una reducida cúpula de dirigentes concentra los beneficios del negocio.

Esa enorme masa de dinero que produce la Selección Argentina queda en manos de un grupo de los inescrupulosos dirigentes de la AFA vinculados al peronismo, encabezados por su presidente, Claudio "Chiqui" Tapia, y por el tesorero Pablo Toviggino, junto con un círculo de funcionarios que utilizaron esos recursos para acumular fortunas millonarias.

Los negocios de la AFA se encuentran estrechamente vinculados al crecimiento de las apuestas deportivas a través de acuerdos con empresas como Betsson, Betano, BetWarrior, Bplay y Codere, que patrocinan torneos organizados por la asociación y mantienen contratos de sponsoreo en camisetas, publicidad en estadios y campañas digitales.

Estos acuerdos involucran, además, a empresarios vinculados históricamente al negocio del juego en Argentina, como Daniel "Tano" Angelici, referente del PRO con fuerte presencia en el sector de bingos y casinos, y Martín Insaurralde, dirigente del peronismo asociado a otro importante segmento de casinos, hipódromos y salas de juego.

A ello se suma que dirigentes de la propia AFA mantienen vínculos con la empresa financiera Sur Finanzas, patrocinadora institucional de diversos torneos y clubes. Esta situación configura un esquema donde la AFA organiza los campeonatos, designa árbitros, aplica el régimen disciplinario, pero a su vez recibe millones de dólares de empresas cuyos ingresos dependen directamente de los resultados y acciones que se generan en los partidos. Es esta situación la que ha alimentado crecientes sospechas sobre la transparencia de determinados arbitrajes y resultados deportivos.

Sur Finanzas dejó de ser únicamente una entidad financiera para expandirse hacia actividades vinculadas con la minería, la construcción, los servicios cambiarios, los criptoactivos y el otorgamiento de préstamos a clubes de fútbol. Parte del capital acumulado le permitió desarrollar una red de casas de cambio registradas ante el Banco Central que, durante el último gobierno peronista, habrían aprovechado el funcionamiento del sistema SIRA para simular operaciones de importación. Ese mecanismo les habría permitido acceder a dólares al tipo de cambio oficial y luego revenderlos en los mercados paralelos, obteniendo ganancias extraordinarias. Todo ello ocurrió durante la gestión de Sergio Massa como ministro de Economía, en el marco del "cepo al dólar".

Estas maniobras ilícitas de las empresas vinculadas a la AFA le permitieron a una pequeña élite amasar una fortuna revendiendo dólares. Todo esto ocurría mientras el poder adquisitivo de la población era erosionado por una semi-hiperinflación que empujaba a millones de personas hacia la pobreza. Mientras hospitales, universidades, empresas y ciudadanos enfrentaban enormes dificultades para acceder a divisas destinadas a importar insumos y equipamiento, determinadas casas de cambio vinculadas a Sur Finanzas obtenían acceso privilegiado al mercado oficial mediante la simulación de importaciones y el pago de coimas que oscilaban entre el 10% y el 20% a gestores y funcionarios, destinadas a agilizar o garantizar la aprobación de permisos SIRA.

De este modo, los negocios que vinculaban a dirigentes de la AFA con los "zares" del juego, relacionados tanto con el peronismo como con el PRO, junto con sectores del gobierno de Milei y funcionarios del Poder Judicial, permitieron el enriquecimiento acelerado de los dirigentes de la AFA, sus testaferros y parte de la dirigencia política del país.

Con el paso del tiempo comenzaron a aparecer diversas denuncias sobre el patrimonio de dirigentes vinculados a la AFA. Entre ellas, propiedades de lujo en Pilar, como por ejemplo una casa quinta gigantesca con helipuerto y una colección de más de 100 vehículos de alta gama y otros bienes incompatibles con los ingresos oficialmente declarados, en un país con más de la mitad de su población bajo la línea de la pobreza.

También adquirieron notoriedad pública otros episodios, como la aparición de Martín Insaurralde —dirigente del peronismo y socio político de Máximo Kirchner— en un lujoso yate en el Mediterráneo junto a una modelo, o la difusión de imágenes en las que su exesposa, Jésica Cirio, exhibía millones de dólares guardados en cajones de un vestidor. Estos hechos alimentaron las sospechas sobre circuitos de enriquecimiento ilícito y pusieron en escena a operadores, intermediarios y presuntos testaferros como Elías Piccirillo, Francisco Auque, Víctor Donadía y Juan de Jesús, entre otros.

Pero si bien esos negocios están fundamentalmente en manos del peronismo, los manejos turbios no se limitan solo a este viejo partido burgués en decadencia. El PRO y La Libertad Avanza también aparecen vinculados a distintos aspectos de esta trama.

Un ejemplo de ello es el nombramiento de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia del gobierno de Javier Milei. Mahiques había sido designado previamente por Claudio Tapia como vicerrector de la Universidad de la AFA. A su vez, su familia mantiene una fuerte presencia dentro del Poder Judicial y Esteban Mahiques, hermano del ministro, integró el Tribunal de Disciplina de la AFA.

Estas designaciones forman parte de un entramado de acuerdos entre sectores del oficialismo, la conducción de la AFA y un sector del peronismo orientados a garantizar distintos niveles de protección política y judicial. Las denuncias de corrupción deben entenderse, por lo tanto, como expresión de la disputa entre distintas fracciones de las clases dominantes por el control de las enormes ganancias que produce la Selección Argentina.

Con la designación de Mahiques, el oficialismo quiere llegar a un acuerdo con la conducción de la AFA y un sector del peronismo: se trata de obtener la impunidad por los casos de corrupción de Milei a cambio de la impunidad para Tapia y Toviggino. Las denuncias de corrupción deben entenderse, por lo tanto, como expresión de la disputa entre distintas fracciones de las clases dominantes por el control de las enormes ganancias que produce la Selección Argentina.

La designación, por parte de Milei, de Diego Santilli como jefe de Gabinete tras la salida de Manuel Adorni se halla en esta misma lógica. Santilli es un dirigente del PRO estrechamente vinculado a Cristian Ritondo —ambos dirigentes que difícilmente puedan explicar sus fortunas y propiedades—, ambos muy vinculados al mundo del fútbol y a la vez miembros del partido del ex presidente Mauricio Macri, que también tiene cargos en la FIFA.

Las giras internacionales y los partidos amistosos generan ingresos de tal magnitud que la AFA impulsó la creación de una empresa radicada en Estados Unidos, TourProdEnter LLC, administrada por el empresario Javier Faroni. Según diversas investigaciones, esta sociedad administró contratos cercanos a los 450 millones de dólares cuyos movimientos financieros ingresaron en la banca de EE.UU. y Wall Street.

Esto despertó la atención del FBI y jueces de EE.UU. que comenzaron a investigar los contratos millonarios de TourProdEnter LLC. bajo sospecha de lavado de dinero, en el cual estarían involucrados dirigentes de AFA junto a dirigentes políticos, periodistas, modelos, y abogados.

La campaña de que "Argentina fue perjudicada" de sectores del peronismo busca ocultar esta trama que pone sobre el tapete la disputa entre sectores políticos de la clase dominante argentina por el control de la fabulosa fuente de ingresos que implica la Selección Argentina. El carácter descompuesto, depredador y corrupto de la burguesía argentina es lo que explica las "teorías conspiranoicas" sobre la Selección Argentina que salen de nuestro país.

Una batalla entre la FIFA y la UEFA por el control del millonario negocio del fútbol mundial

La disputa por los millones de dólares que genera la Selección Argentina es apenas un juego de niños comparada con la batalla por el control del negocio mundial del fútbol. Es en ese último escenario donde se originó otro conjunto de campañas "anti-Argentina" que circulan con fuerza por el mundo.

En medio de la crisis mundial del capitalismo (sobre la cual puedes leer haciendo clic aquí), con las gigantescas Corporaciones Globales que lo controlan quebradas, y rescatadas por los Bancos Centrales de los países imperialistas, el fútbol se consolidó como una de las industrias más rentables del planeta. Se estima que el negocio global mueve más de 200.000 millones de dólares al año, una cifra comparable al Producto Bruto Interno de varios países. El negocio mundial de la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA) se ha convertido en una de las industrias del entretenimiento y espectáculo más poderosas y rentables del planeta.

La profundización de la crisis capitalista incrementó la competencia entre grandes grupos económicos por apropiarse de nuevas fuentes de ganancias. En ese marco debe entenderse la disputa por el control del fútbol internacional.

La confrontación entre grupos capitalistas radicados en Estados Unidos y Europa comenzó a adquirir una dimensión decisiva hace una década, cuando estalló el escándalo conocido como FIFAgate.

A pedido de la Justicia estadounidense, la policía suiza irrumpió en el hotel Baur au Lac de Zúrich y detuvo a varios altos dirigentes de la FIFA pocos días antes de la reelección de su entonces presidente, Joseph Blatter. Las investigaciones revelaron un sistema de sobornos mediante el cual empresas pagaban decenas de millones de dólares a dirigentes de la FIFA y de distintas federaciones nacionales para asegurarse derechos comerciales y contratos vinculados a los principales torneos internacionales.

El escándalo estalló poco después de que Qatar fuera designado sede del Mundial, una decisión que Estados Unidos consideró una afrenta porque ellos esperaban organizar ese mundial. A partir de ese momento, Washington incrementó su intervención sobre la FIFA y desplazó parcialmente a los grupos europeos que hasta entonces habían ejercido una posición predominante dentro de la organización.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos y el FBI encabezaron la investigación debido a que gran parte de las operaciones financieras investigadas se realizaron a través de bancos radicados en territorio estadounidense. Las causas judiciales describieron un entramado de lavado de dinero, fraude electrónico y de sobornos destinados a influir en la elección de las sedes mundialistas, que involucró durante años a dirigentes del fútbol y ejecutivos de empresas de marketing deportivo.

Más de cuarenta dirigentes e instituciones fueron imputados, con multas y decomisos que superaron los 200 millones de dólares. Joseph Blatter terminó renunciando a la presidencia de la FIFA tras ser suspendido por la Comisión de Ética, mientras que Michel Platini, entonces presidente de la UEFA, fue inhabilitado. A ello se sumó la caída de numerosos presidentes de federaciones nacionales y empresarios que aceptaron culpabilidad a cambio de pactar con las autoridades estadounidenses.

Tras el FIFAgate, Gianni Infantino asumió la presidencia de la FIFA, consolidando una nueva correlación de fuerzas que desplazó parcialmente del control del negocio a los a los grupos económicos de los países imperialistas europeos, nucleados en la Union European Football Association (UEFA).

En ese mismo proceso deben inscribirse distintas decisiones estratégicas dentro del negocio del fútbol, como la llegada de Lionel Messi, Luis Suárez y otras figuras internacionales a la Major League Soccer (MLS), fortaleciendo el posicionamiento de Estados Unidos dentro de la disputa por controlar el negocio de la industria futbolística mundial.

Desde esta perspectiva, la Selección Argentina quedó atrapada en una disputa internacional que excede ampliamente lo deportivo. Buena parte de las campañas que presentaban a Argentina como un país "racista", "sionista", "favorecido por los árbitros" o "tramposo" partieron de la UEFA, sectores del imperialismo europeo y la Internacional Progresista, en la medida en que identificaban a la AFA como un aliado del bloque encabezado por Gianni Infantino dentro de la FIFA.

Estas campañas buscaban instalar una imagen negativa de la Selección Argentina, presentándola como reaccionaria, discriminadora y tramposa, posicionándola en el papel de "villano", intentando erosionar la popularidad que Argentina había construido durante décadas en el mundo.

La realidad es que los grandes grupos capitalistas europeos continúan controlando el núcleo más rentable del negocio del fútbol. Las cinco principales ligas del continente —la Premier League inglesa, La Liga española, la Serie A italiana, la Bundesliga alemana y la Ligue 1 francesa— generan entre 35.000 y 40.000 millones de dólares anuales.

Las ligas controlan además millones de dólares por derechos de televisación, patrocinios, venta de entradas y hospitality, viajes de hinchas, reservas hoteleras, consumo en restaurantes y bares en días de partido, además de las licencias para videojuegos —como la saga EA Sports FC— y derechos de contenido digital. Europa sigue siendo el corazón y principal centro del negocio global del fútbol.

Por esa razón, las grandes corporaciones deportivas europeas necesitan que las selecciones nacionales del continente —como Inglaterra, Alemania, Francia, España o Países Bajos— mantengan el liderazgo comercial en mercados estratégicos de Asia y África. El crecimiento de la popularidad de la Selección Argentina en esos mercados representa un obstáculo para esos intereses económicos.

En consecuencia, el equipo argentino terminó siendo víctima de la disputa entre la FIFA y la UEFA.

La campaña internacional desarrollada principalmente a través de las redes sociales alcanzó niveles de gran agresividad. Fue ese clima el que dio origen a la ya célebre arenga de Lionel Messi al plantel: "Salgamos a jugar y no le hagamos caso a lo que se habla afuera", una frase que, paradójicamente, también terminó alimentando nuevas interpretaciones conspirativas.

Sin embargo, con el correr del torneo, muchas de esas campañas comenzaron a perder fuerza frente al desarrollo de los propios acontecimientos. A ello se sumó otro elemento que atravesó el Mundial de Estados Unidos 2026: la irrupción de conflictos políticos y sociales que reflejaron, de manera distorsionada, la crisis internacional y la lucha de clases.

La lucha de clases metió la cola en "el Mundial de los misiles"

La realidad es que, en medio de las campañas cruzadas, la lucha de clases terminó irrumpiendo también en el Mundial de Estados Unidos 2026. La crisis del capitalismo no solo agudiza la competencia entre distintos grupos económicos por el control de los grandes negocios, sino que también proyecta —de manera distorsionada— sobre los principales acontecimientos deportivos, muchos de los procesos revolucionarios que cruzan el mundo y enfrentan al capitalismo.

Mientras se disputaba el torneo, Estados Unidos reanudó los bombardeos sobre Irán, en medio de una guerra revolucionaria que vienen perdiendo junto a Israel, cuya agresión contra el país de Medio Oriente ha resultado un fracaso.

Ese conflicto también dejó su huella en el Mundial. Uno de los episodios más escandalosos fue el trato recibido por la selección iraní. Las autoridades estadounidenses le impidieron establecerse en territorio norteamericano en igualdad de condiciones con el resto de las delegaciones, obligándola a realizar extensos desplazamientos durante la competencia, en una actitud antideportiva y discriminatoria. Del mismo modo, resultó polémica la intervención pública de Donald Trump para intentar aliviar la sanción aplicada al futbolista estadounidense Folarin Balogun.

La ubicación de los presidentes de México y Canadá fue absolutamente vergonzosa, proimperialista y de completa sumisión al imperialismo estadounidense. Pero la lucha de clases también "metió la cola" cuando las Madres Buscadoras de México aprovecharon la repercusión internacional del Mundial para movilizarse frente al Estadio Azteca y denunciar las desapariciones forzadas y la política de impunidad del gobierno capitalista de Morena y de Claudia Sheinbaum, que reprimió brutalmente la movilización. (Sobre la movilización hemos reporteado a algunas de sus valientes madres en Enfoque Marxista que puedes ver haciendo clic aquí)

La lucha del pueblo palestino y la Tercera Intifada también tuvo expresiones durante el torneo. Entre ellas, la manifestación pública del director técnico de Egipto en apoyo a la causa palestina. En contraste, hubo una vergonzosa de la bandera de Israel por parte de algunos simpatizantes argentinos. Sin embargo, la lucha de clases volvió a irrumpir inesperadamente, generando una situación que colocó en dificultades tanto a la organización del Mundial como a los gobiernos de Estados Unidos e Israel.

En semifinales, los cruces de partidos dejaron planteada una nueva edición del clásico Argentina- Inglaterra. Con el propósito de impedir cualquier manifestación antiimperialista vinculada a la reivindicación de las Islas Malvinas, la FIFA acordó —bajo la gestión de Trump y junto a los gobiernos y delegaciones de Inglaterra y Argentina— prohibir el ingreso de banderas o símbolos relacionados con ese reclamo. El gobierno argentino aceptó plácidamente esa disposición, una actitud coherente con la orientación proimperialista del gobierno de Javier Milei.

Sin embargo, al finalizar el encuentro, ocurrió un hecho inesperado: tras la victoria argentina, los propios jugadores desplegaron una bandera confeccionada sobre una sábana de hotel con la inscripción "Las Malvinas son Argentinas", que había sido ingresada clandestinamente por hinchas argentinos. Las imágenes recorrieron el mundo en pocos minutos y provocaron la protesta de las autoridades y la delegación inglesa.

Ese episodio representó un fuerte revés para los gobiernos imperialistas, para la OTAN, Trump y para la propia FIFA. También fue un duro revés para el gobierno de Milei. Las campañas que afirmaban que "Trump apoya a Argentina" o que presentaban a la Selección como un instrumento del sionismo quedaron en ridículo tras este episodio.

La realidad es que la bandera de Malvinas levantada por los jugadores argentinos volvió a expresar la irrupción de la lucha de clases en el Mundial, al reivindicar una causa vinculada a la lucha antiimperialista y a los procesos de liberación nacional que tienen varios epicentros en el mundo, como Palestina, País Vasco, Cataluña, Ucrania, Hutíes, Cachemira, etc. Al mismo tiempo, el propio resultado de la final terminó debilitando otra de las teorías conspirativas más difundidas: la idea de que el Mundial estaba organizado para favorecer a la Selección Argentina.

Concluido el torneo, prácticamente la única campaña que conservó cierta vigencia fue la que calificaba a Argentina como un país "racista". Esa caracterización parte de un profundo desconocimiento de la historia del país.

En Argentina nunca existió un régimen de segregación racial como sistema político, como si existió en Estados Unidos o Sudáfrica. Por el contrario, fue históricamente un país receptor de inmigrantes, que acogió a millones de trabajadores europeos expulsados por las guerras y la pobreza, y que continúa recibiendo millones de inmigrantes de toda América Latina que pueden acceder a la salud pública gratuita o a las universidades públicas de reconocido prestigio mundial.

Si bien Argentina recibió una inmigración afrodescendiente menor que la registrada en otros países del continente, inició muy tempranamente el proceso de abolición de la esclavitud: en 1812 se prohibió la llegada de barcos con esclavos; en 1813 se aprobó la "libertad de vientres" —Asamblea del año XIII— donde los hijos de mujeres esclavas nacían libres; en 1853 se declaró en la Constitución Nacional que ya no había esclavos en el país; finalmente, en 1860, se aceptó la Constitución Nacional en todo el territorio. Este proceso fue super progresivo para su época ya que protegió los derechos de los afroamericanos 53 años antes que Estados Unidos (1865) y 76 años antes que Brasil (1888).

Es por esto que resulta disparatado definir a la Argentina como un país racista. Además es uno de los pocos países donde el fútbol profesional no fue privatizado. Allí donde avanzó la transformación de los clubes en sociedades privadas —como en México, Chile o Brasil— las selecciones nacionales perdieron protagonismo y se derrumbaron. Y es que a los dueños de los equipos convertidos en empresas no les interesa aportar jugadores ni hacer grandes esfuerzos por las selecciones nacionales.

Pero en Argentina el futbol no está privatizado. En nuestro país la defensa del régimen de asociaciones civiles, no fue producto de la voluntad de los políticos burgueses —peronistas, radicales, libertarios, del PRO, etc.— que lo hunden y corrompen, ni de las conducciones corruptas de la AFA, sino de la resistencia y movilización desarrollada por amplios sectores populares que también defienden otras instituciones públicas y sociales, como la universidad, la salud y la educación pública.

El capitalismo ya no tiene nada que ofrecer salvo campañas "anti-argentina", producto de una disputa feroz entre grupos capitalistas depredadores, capaces de inventar toda clase de campañas sucias, basadas en el odio, la mentira y la violencia, para defender sus ganancias. Este sistema económico destruye todo lo que toca; basta observar lo que hizo con un deportista como Diego Maradona (como puedes leer haciendo clic aquí).

Estas campañas reaccionarias ponen de manifiesto la descomposición del propio sistema capitalista. Incapaz de ofrecer una salida a la humanidad, solo produce más odio, más opresión y más miseria. Para preservar los privilegios del 1 % más rico, fomenta la división entre los trabajadores y los pueblos de distintas naciones, mientras condena al 99 % restante a un creciente deterioro de sus condiciones de vida.

La burguesía, clase social que sostiene el sistema capitalista y que impulsa campañas como la desarrollada contra Argentina, atraviesa un profundo proceso de descomposición. Por eso sostenemos que, tanto en nuestro país como en el resto del mundo, la única salida es abolir el capitalismo para terminar con la pobreza, la explotación y toda forma de opresión. Ese es el objetivo que proponemos desde el Nuevo Partido Socialista de los Trabajadores.





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