
La lucha contra la reforma laboral y la propaganda reformista

Por Valerio Chinasky -Nuevo PST-
El pasado 27 de febrero el Senado aprobó la reforma laboral. En medio de un nuevo circo parlamentario, similar al que ya se había visto en la Cámara de Diputados, el debate impulsado en torno a esta ley fue, desde el comienzo, una maniobra para engañar y desviar la atención de los verdaderos problemas que atraviesa el mundo del trabajo desde hace décadas.
Como señalamos desde el Nvo. PST, la reforma que se discutía no es ninguna novedad: hace tiempo que se viene aplicando bajo distintos gobiernos peronistas. Desde Menem en los años 90, con su discurso neoliberal, hasta los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, bajo un relato "progresista", la flexibilización laboral avanzó de manera sistemática. De hecho, una de las "virtudes" que los empresarios destacaban de los gobiernos kirchneristas era el régimen de contratación estatal: contratos anuales, sin reconocimiento de antigüedad ni efectivización. Frente a eso China un poroto.
El debate planteado en términos de "reforma sí o reforma no" ocultaba esta realidad: la reforma ya estaba en marcha desde hace años. Con la vulneración de los convenios colectivos industriales, en donde cada rama está bien definida; tareas y cargas horarias fueron flexibilizadas durante el gobierno de Néstor Kirchner bajo el argumento de que así se incentivaba la creación de empleo.

La llamada "década ganada", sostenida por el boom de la soja y las exportaciones con un peso devaluado, tuvo como base la explotación flexibilizada de la clase trabajadora industrial. Argentina pasó a consolidarse como un país de mano de obra calificada y barata, incrementándose a niveles inéditos la tasa de ganancia empresarial, mediante una mayor apropiación de plusvalía. Otra vez, China un poroto.
En este engaño también cayó la mayoría de la izquierda, con el FIT-U a la cabeza. La adaptación parlamentaria de estos partidos los llevó a enredarse en debates estériles con los diputados de los partidos patronales, aportando una nota "izquierdista" al parlamentarismo burgués pero sin cuestionar su esencia. Mientras tanto, la clase trabajadora siguió el debate con escasa atención: no hay que olvidar que la mitad de la fuerza laboral está "en negro", o sea, bajo ninguna ley, solo la del patrón; la otra mitad se divide entre profesionales, cuentapropistas y monotributistas que se manejan hace rato en una especie de "ley de la selva".
El sector obrero bajo convenio observa desde hace tiempo cómo la burocracia sindical entrega conquista tras conquista. Observa atónito cómo los diputados de izquierda solo limitan a reclamarle CGT que "luche" en vez de denunciar la traición sistemática de la burocracia. Seguramente que la táctica de estas organizaciones la dictan futuros entuertos y arreglos políticos.

Propaganda revolucionaria o propaganda reformista
Tanto en el Senado como en Diputados, los debates estuvieron por fuera de los intereses reales del conjunto de los trabajadores. Allí la izquierda perdió una oportunidad histórica de marcar una diferencia clara frente a tanto parloteo vacío.
Un verdadero tribuno revolucionario no habría discutido si tal o cual ley laboral es mejor o peor. Habría puesto sobre la mesa el problema de fondo: la explotación capitalista, la explotación del hombre por el hombre y la sociedad construida sobre ese principio. Habría aprovechado la tribuna parlamentaria para hacer campaña socialista, para desenmascarar el carácter de clase del Estado y exponer que las relaciones sociales vigentes están basadas exclusivamente en el lucro y la ganancia, únicos elementos que las masas reconocen.
Habría sido un
verdadero aire fresco que los diputados de izquierda actuaran como auténticos
comunistas en la tribuna parlamentaria, utilizando ese espacio para hacer
propaganda socialista abierta y consecuente.
Ninguna concesión al Estado burgués ni a sus funcionarios. Toda la fraseología parlamentaria sirve para ocultar los intereses de la clase que gobierna a través de sus partidos políticos. La explotación de las grandes masas es el sustento real de esta democracia.

El reformismo se tragó a FATE
Una muestra de esta política oportunista es la tragedia de FATE y su sindicato del neumático. Un sindicato en su momento recuperado de la burocracia reformista de la CTA y donde la izquierda tuvo un rol dirigente. Alejandro Crespo su Secretario General y trabajador de FATE, es del colectivo del Partido Obrero, pero en el gremio todas las corrientes del FIT-U tienen trabajo e influencia.
Durante años, el gremio se convirtió en un terreno de disputa entre aparatos, con políticas y tácticas oportunistas que llevaron a la dirección de la lista negra a una transformación burocrática acelerada. En lugar de utilizar el gremio como una escuela para hacer avanzar la conciencia de clase en su conjunto, primaron las disputas por cargos y manejos de la caja. La izquierda en su conjunto mostró toda su mezquindad de aparatista, desperdiciando una oportunidad histórica de dirección en un gremio industrial, oportunidad única en el continente.
La deformación parlamentaria y el sectarismo —cada corriente cuidando su "quintita"— vaciaron al gremio de contenido. A esto le fueron sumando métodos burocráticos cada vez más grotescos, al punto de desconocer los mandatos de las asambleas de base. Como en el 2025, cuando todas las asambleas de base votaron, no una, sino dos veces contra el acuerdo salarial que la dirección del gremio cerró con las patronales, y que la misma desconoció olímpicamente y terminó homologando.

Hoy hay que rodear a los trabajadores de FATE de solidaridad, pero el colectivo obrero de la fábrica ha decidido no pelear con Crespo, con justa razón, y se ha dispersado. Lo que pudo haber sido una causa nacional con obreros industriales a la cabeza terminó reducido a un campamento solidario de aparatos más atentos a las redes sociales que a la lucha de clases.
Estos fracasos en la
dirección sindical en manos de la izquierda son parte de un debate que la
vanguardia obrera está procesando y del cual somos parte. Se abrió una nueva
etapa en el mundo de luchas y revoluciones que desbordan a las direcciones burocráticas tradicionales. Argentina no escapa a este proceso: elección tras elección se evidencia la ruptura de sectores crecientes de las
masas con la democracia burguesa y sus partidos.

La izquierda reformista no logra ver este fenómeno porque su horizonte se ha reducido al terreno electoral. Ha entrado en una espiral de electoralismo oportunista, y amplios sectores de trabajadores comienzan a verla como parte del mismo régimen y de la "comedia" de la política local.
El proceso real se desarrolla por abajo. La ruptura con la democracia burguesa de amplias capas de la sociedad es el terreno fértil donde los revolucionarios discutimos con los trabajadores la construcción de nuevas organizaciones y direcciones obreras, para dar una lucha sin cuartel a la burocracia del régimen. No se trata de concentrar fuerzas para conquistar votos, sino para derribar una sociedad basada en la explotación brutal de las mayorías populares.
Por eso te invitamos a sumarte al PST para llamar a la unidad de los trabajadores con independencia de clase, barrer a la burocracia sindical y derrotar al plan de Milei, la única salida para abrir las puertas al socialismo en Argentina y en el mundo.
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