Intervención en la Unión Obrera Metalúrgica: patronal y burocracia en pelea por los despojos del gremio

Por Valerio Chinasky - Nvo PST
El mundo sindical fue sacudido el pasado 22 de mayo cuando el juez Pesino, reconocido por su proceder antiobrero de ataque a los derechos laborales que impulsa el gobierno capitalista de Milei, intervino la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) desplazando al burocrata Abel Furlán y a su conducción nacional, y colocando al abogado Julio Cordero, operador ligado al macrismo, como nuevo interventor. La medida surge a partir de denuncias sobre irregularidades en las últimas elecciones generales del gremio. Incluso, la Justicia burguesa banaliza anular también las elecciones en distintas seccionales.
La UOM, históricamente el gremio industrial más importante de la Argentina, viene sufriendo desde hace años una profunda decadencia. La flexibilización laboral impulsada por los distintos gobiernos, junto a una burocracia sindical que jamás enfrentó esos ataques, provocando la pérdida de miles de puestos de trabajo y el cierre de cientos de fábricas.
Hoy el sindicato subsiste principalmente gracias a los aportes compulsivos descontados al trabajador metalúrgico sin consulta alguna, y de una obra social prácticamente quebrada y vaciada, que casi no presta servicios. La UOM se transformó en una federación de seccionales donde cada aparato local administra sus propios intereses y acuerdos políticos con los partidos patronales de turno.
Uno de los síntomas más claros de esta decadencia es que la "poderosa UOM" fue intervenida compulsivamente y todo el arco sindical prácticamente no reaccionó. Salvo algunas declaraciones formales de compromiso, hubo silencio absoluto. El aparato del PJ también quedó paralizado, sin capacidad de respuesta ni movilización.
La burocracia sindical se encuentra aislada en un gremio donde los trabajadores hace tiempo comenzaron a romper políticamente con ella. En muchos sectores de base incluso se observa con simpatía la caída en desgracia de dirigentes burocráticos que durante años garantizaron despidos, rebajas salariales y entrega de conquistas obreras.
Detrás de esta intervención están las patronales metalúrgicas, especialmente Techint. Paolo Rocca ya no confía en la conducción de Furlán para contener el creciente malestar obrero frente a los salarios de hambre y los despidos.
El conflicto desarrollado a fines del año pasado en el cordón San Nicolás-Baradero, donde enormes asambleas de base paralizaron fábricas y pusieron contra las cuerdas a la burocracia sindical frente a cierres y despidos, encendió todas las alarmas patronales. Las empresas tomaron nota de ese proceso y buscan impedir que vuelva a repetirse.
El objetivo del gran empresariado para este año es profundizar la flexibilización laboral y terminar de destruir el salario. Una de las primeras consecuencias de la intervención fue el congelamiento de las paritarias, que ya eran miserables y ahora directamente quedaron suspendidas.
La intervención judicial directa, impulsada por pedido de la patronal, expresa la crisis de representación de la burocracia sindical. Ya no puede garantizar con eficacia el avance patronal ni contener la bronca que crece en las bases. La ruptura entre los trabajadores y el aparato burocrático se manifiesta también en la abstención, el voto en blanco y el creciente descreimiento hacia todas las estructuras tradicionales.
No son perseguidos políticos: son burócratas inútiles para la patronal
La burocracia de Furlán y su sector intentan presentar la intervención como una supuesta persecución política debido a su cercanía con Cristina Fernández de Kirchner. Pero eso poco importa para los trabajadores metalúrgicos, que hace tiempo comenzaron a romper con el PJ y con todos los gobiernos que descargaron el ajuste sobre la clase obrera, incluyendo el impuesto al salario, la precarización laboral y la destrucción industrial.
El verdadero problema para la patronal no es la "afinidad política" de Furlán, sino su incapacidad para garantizar la paz social dentro del gremio. La burocracia ya no logra contener la bronca obrera frente a los despidos, los salarios de hambre, el cierre de fábricas y la entrega permanente de conquistas históricas.
Esta intervención demuestra justamente eso: la caducidad de una burocracia que dejó de ser útil para los intereses patronales y gubernamentales. No es casual que Rocca y Milei hayan encontrado un punto de coincidencia en esta ofensiva contra el gremio metalúrgico.




