
Editorial Nº76 - 2 de abril del 2026

¡Cárcel a todos los corruptos!
Por Nuevo PST
El gobierno de Javier Milei —al igual que todo el régimen político— atraviesa la peor crisis desde que asumió en diciembre del 2023. La economía no remonta, la inflación no para de crecer, se multiplican los despidos, ya cerraron más de 22.000 empresas y la industria permanece prácticamente paralizada. En medio de todo esto estallan varios escándalos de corrupción que involucran a personajes centrales del oficialismo.
El más grave es el vinculado a la estafa de criptomoneda $Libra, que volvió al centro de la escena tras la revelación de audios que mencionan pagos millonarios dirigidos, nada menos, a Milei y su hermana Karina.
A esto se suma la situación del jefe de gabinete, Manuel Adorni, quien enfrenta múltiples denuncias judiciales por presuntas irregularidades en el uso de recursos públicos, vuelos oficiales y privados, y posibles inconsistencias patrimoniales. La investigación se originó a partir de una presentación de la diputada Marcela Pagano, quien señaló que el patrimonio de Adorni habría crecido un 500% en un solo período fiscal.
Dentro de las irregularidades figura una vivienda de dos pisos en el country Indio Cuá Golf Club, en Exaltación de la Cruz, provincia de Buenos Aires. El inmueble no figura en la declaración jurada presentada por Adorni ante la Oficina Anticorrupción. También trascendió que alquiló una propiedad en ese mismo barrio durante dos años por unos 2.000 dólares mensuales —alrededor de 52.000 dólares en total—, una cifra difícil de compatibilizar con ingresos oficiales cercanos a los 3,5 millones de pesos mensuales.
Desde el gobierno salieron a respaldarlo. Una maniobra fue dejar trascender que cobra cerca de 7 millones de pesos, tras un aumento del 100% dispuesto por el Decreto 931/2025. Pero este aumento comenzó a correr en marzo y, al mismo tiempo, deja en evidencia la política miserable de este gobierno, ya que los estatales recibieron apenas un 9% de aumento en tres tramos y un bono de $20.000.

Hace menos de un año que Adorni encabezó la lista de la Libertad Avanza en las poco concurridas elecciones legislativas de la Ciudad de Buenos Aires. Ganando con el 30.7% (16% del padrón total), derrotando la hegemonía del PRO y proyectándose como una de las figuras con mayor futuro electoral del oficialismo. La militancia libertaria cantaba en el acto de cierre de campaña: "Adorni es Milei".
Uno de los pilares del ascenso político de Milei fue su promesa de ruptura con la corrupción de "la casta". En 2024, el propio Adorni afirmó en conferencia de prensa que "el Presidente se comprometió a impulsar un nuevo proyecto de Ficha Limpia porque la corrupción no puede gobernar la Argentina". Hoy, su situación aparece como una clara expresión de la hipocresía del discurso libertario.
Adorni es un funcionario central del gobierno, no puede pasar desapercibido como 'Lule' Menem o pasar al olvido como Espert. Su papel como jefe de gabinete y vocero del gobierno lo pone en el centro de la opinión pública.
El oficialismo llegó al poder en medio de un profundo hartazgo de las masas frente a la inflación crónica y la corrupción del PJ/Kirchnerismo. Milei capitalizó ese descontento social con un discurso centrado en el combate a la corrupción de "la casta" y el control de la inflación. Lógicamente que solo lo hizo desde lo discursivo porque en la realidad resultó ser todo lo opuesto.
Milei se presentó como un "outsider" de la política, que utiliza la provocación constante contra sus adversarios y críticos. Este discurso le permitió conectar con amplios sectores —inclusive con los más pobres y de la clase obrera— pero ahora no hace más que aumentar el rechazo. Las masas ya lo ven como uno más de aquellos que dice combatir.
Un sector importante de la clase media y de la clase trabajadora apostó por ese discurso y se comprometió en hacer un gran esfuerzo desde lo económico, aceptando, hasta cierto punto, el congelamiento de los salarios, la caída del consumo y el deterioro del nivel de vida. Pero este esfuerzo ya les resulta en vano, ya que en estos dos años de gobierno la crisis no hace más que agravarse.
Mientras las masas empobrecidas se someten a jornadas laborales cada vez más extenuantes para poder llegar a fin de mes, en el lado opuesto lo tenemos a Adorni de joda en Nueva York diciendo: "yo vengo una semana a deslomarme acá, o cinco días a deslomarme, como todos los que vienen acá a Nueva York". El gobierno está completamente desconectado de la realidad.
Las masas ya se hartaron, así lo demuestran todas las encuestas, y así también lo demuestran las movilizaciones de docentes y estatales que están estallando en casi todas las provincias.
Dentro de la democracia burguesa y el capitalismo, la corrupción no es un problema individual o moral —a pesar de que los medios burgueses nos quieran engañar diciendo lo contrario—, es un fenómeno estructural. Un régimen dónde se enriquece una minoría a costa del hambre y la miseria de las grandes mayorías no se podría sostener sin la corrupción.
Cuando hay cierta estabilidad económica las masas pueden "tolerar" estas prácticas —de allí frases como "roban pero hacen", popularizada en los años del kirchnerismo—. Pero a medida que la situación económica se deteriora, la corrupción se hace cada vez más visible e insoportable.
Basta imaginar la situación de un trabajador recientemente despedido que vuelve a su casa, enfrenta la incertidumbre de sostener a su familia y, al encender la televisión, se encuentra con funcionarios acusados de enriquecerse, viajar y vivir con privilegios. Esa escena resume, con crudeza, el creciente divorcio entre las masas con la dirigencia política.

Frente al desprestigio de los partidos tradicionales, la burguesía prepara un frente amplio
En lo que respecta a la corrupción, el actual gobierno se ha mostrado ante las masas como un claro continuador de las prácticas de los gobiernos peronistas/kirchneristas y del PRO. Desde nuestra posición, somos categóricos al denunciar estos mecanismos: no existe una corrupción "mala" y otra "menos mala" o "progresista".
Cuando Cristina Fernández de Kirchner fue condenada por corrupción, nos pronunciamos a favor de esa condena e incluso señalamos que resultaba insuficiente (ver editorial Nº59). Del mismo modo, sostenemos que Javier Milei debe ir preso por la estafa cripto. Todos los corruptos deben ser juzgados y condenados, sin importar el partido al que pertenezcan.

La izquierda reformista no se cansa de dar señales de frente populismo. El Secretario General del SUTNA y dirigente del Partido Obrero, Alejandro Crespo, no tiene inconveniente en mostrarse abrazado con un representante directo de la burguesía y el imperialismo como lo es Máximo Kirchner.
La corrupción implica miles de obras públicas que no se realizan, menos insumos para los hospitales públicos, menos escuelas, un crecimiento sostenido de la pobreza y la indigencia, y, como consecuencia, un aumento de la delincuencia. También supone la pérdida de soberanía a través de la privatización y entrega de recursos, así como la destrucción de la industria nacional. En última instancia, se traduce en la pérdida de vidas humanas: personas que no pueden acceder a una atención médica adecuada o tragedias evitables como la Tragedia de Once, donde murieron 52 personas. Estas víctimas pertenecen, en su enorme mayoría, a la clase trabajadora.
El pueblo trabajador repudia al conjunto del régimen político, a diferencia de sectores de la izquierda reformista que defendieron a Cristina tras su condena. El gobierno de Milei capitalizó inicialmente ese descontento apropiándose de la consigna "que se vayan todos" para ganar apoyo y llegar al poder, pero con el correr de los meses se vio obligado a abandonarla. El pueblo trabajador comprendió rápidamente que son "más de lo mismo".
La corrupción no hace más que profundizar el divorcio de las masas con los partidos burgueses: cada vez son menos personas las que van a votar. Este fenómeno —que nosotros denominamos "revolución política"— no es exclusivo de Argentina, es global. En todos los continentes ocurre lo mismo: las masas rechazan la farsa de la democracia burguesa. Un ejemplo reciente fueron las elecciones presidenciales de Colombia, donde ningún candidato superó el 10% del padrón total.
Frente a la enorme crisis del capitalismo los gobiernos burgueses no pueden dar más concesiones a las masas; por el contrario, avanzan en su eliminación. En este contexto, no hay salida en esperar a 2027 para votar a otro gobierno corrupto. La verdadera alternativa reside en la movilización, como lo vienen demostrando los trabajadores de distintas provincias, muchos de ellos organizados de forma autoconvocada y por fuera de las estructuras sindicales burocráticas tradicionales.
Ante esta situación, todo el arco opositor —principalmente el peronismo/kirchnerismo— se ha lanzado en la carrera por conformar un "frente amplio" que integre a sectores desde la centroizquierda hasta la centroderecha. Se trata de un "frente anti-Milei", inspirado en experiencias como la de Brasil, donde el lulismo derrotó a Jair Bolsonaro llevando como vicepresidente a Geraldo Alckmin, una suerte de Macri brasileño.
Así como el rechazo a las elecciones burguesas es mundial, el "frente amplio" también lo es. En México Morena ha reunido desde exmilitantes del PRI y el PAN hasta empresarios y movimientos sociales y religiosos. En Francia, el partido Renacimiento de Emmanuel Macron se constituyó bajo la consigna "ni derecha ni izquierda", sumando aliados como La France Insoumise para frenar a la "extrema derecha" de Marine Le Pen.
En Alemania la coalición conocida como "la Unión" —Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) y la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU)— ganó las elecciones de 2025 consolidando a Friedrich Merz como el nuevo canciller y derrotando a la "ultraderecha" del AfD (Alternativa para Alemania). En el Congreso, la fragmentación obligó a conformar la "Gran Coalición" —entre la CDU y el Partido Socialdemócrata (SPD)— que ganó en segunda vuelta.

En Argentina, Axel Kicillof avanza en la misma dirección: participa de movilizaciones contra el gobierno, se saluda con Macri, declara que Cristina es inocente, publica una columna en Clarín —el medio que la expresidenta señala como el artífice intelectual de su persecución— con motivo de los 250 años del libro de Adam Smith: "La riqueza de las naciones", se reúne con el gobernador radical de Santa Fe, Maximiliano Pullaro o se muestra junto a Gustavo Melella y Ricardo Quintela en el acto por Malvinas.
Como se observa, se trata de una orientación política de carácter global.
La movilización del 24 también expresó esta tendencia, dándonos la razón (ver editorial nº75) en los hechos: el kirchnerismo y la izquierda reformista la convirtieron en una marcha electoralista, dónde La Cámpora entronizó la consigna "Cristina Libre". El documento principal reflejó esta política frentepopulista al reivindicar al Partido Socialista de los Trabajadores (PST) —organización antecesora de la nuestra— junto con el reclamo de libertad para Cristina y Milagro Sala.

La principal referente del FITu, Myriam Bregman, está siendo colocada desde los medios de comunicación, como una candidata en ascenso. Las encuestan ya la ubican en el tercer lugar en intención de voto, solo por debajo de Milei y Kicillof. Los voceros de derecha y progresistas constantemente la vinculan con el kirchnerismo. Juan Grabois le propuso ser parte de una posible coalición peronista, dónde también figurarían Wado de Pedro, Axel Kicillof, Guillermo Moreno, entre otros.
Frente a estas especulaciones y llamados su partido, el PTS, prácticamente no se diferencia. Bregman se ha opuesto tajantemente a conformar un frente con Pichetto, pero en ningún momento denuncia de la misma manera a Grabois, Máximo Kirchner, Cristina Kirchner o Kicillof. No hacen una campaña de cara a las masas desvinculándose tajantemente de estos sectores burgueses reaccionarios. La intención es clara: caer bien en los simpatizantes del kirchnerismo y ganar algún sector de sus bases para sumar votos en 2027 e impulsar políticas socialdemócratas.
La política del PTS no solo es frente populista, también es una traición a la clase obrera y el pueblo.
Te invitamos a formar parte de nuestro partido, el Nuevo PST, para conformar una dirección verdaderamente independiente de los partidos burgueses progresistas, que no ponga ningún tipo de expectativas en las elecciones del 2027 como lo está haciendo toda la izquierda reformista. Por eso decimos:
- ¡Cárcel a todos los corruptos! ¡Apoyemos las movilizaciones de autoconvocados en las provincias y rechacemos la política desmovilizadora de la burocracia sindical y el peronismo!
- ¡Rechacemos las elecciones 2027 y la política de frente amplio de la izquierda y los partidos burgueses!
- ¡Fuera Milei! ¡Que se vayan todos!
- ¡Por un nuevo Argentinazo!
- ¡Por un gobierno obrero y popular!
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