
Editorial Nº73 - 2 de marzo del 2026

El plan de Milei va directo al precipicio. Necesitamos un nuevo Argentinazo
El gobierno de Milei quiere imponer un nuevo régimen de acumulación capitalista, después del colapso de los dos anteriores: la convertibilidad del menemismo y "la década ganada" del período kirchnerista.
La convertibilidad estaba basada en la privatización de las empresas públicas. El régimen de acumulación del kirchnerismo, en cambio, se basó en la exportación masiva de soja a China. Después de un periodo de relativa estabilidad y de grandes ganancias para la burguesía, ambos regímenes terminaron fracasando.
A diferencia de los dos anteriores, el régimen de acumulación de Milei, está orientado hacia las grandes Corporaciones Globales imperialistas y Wall Street. A su vez intenta cambiar el polo de acumulación capitalista, orientando las grandes inversiones hacia la minería, el petróleo, el gas, la energía y el agro, en detrimento de la industria. El cierre de Fate (ver nuestra nota sobre el tema) y de miles de fábricas en Argentina, así como la implementación de la reforma laboral, son consecuencia directa de este plan.
Al compás de los demás gobiernos capitalistas del mundo, el gobierno destruye los salarios, los puestos de trabajo y la producción, colocando a la economía en recesión, para de esta manera poder bajar la inflación. Pero la debilidad del gobierno —con el rechazo del 75% de los trabajadores y el pueblo— y la catastrófica situación económica y social, vaticinan su fracaso.

Fate es a los ojos del pueblo argentino el ejemplo más trágico del plan de Milei. Es una típica empresa argentina que se dedica principalmente al mercado interno, puede exportar a algunos países pero su capacidad tecnológica y su nivel de productividad hacen imposible que pueda competir en el mercado mundial. No hay chance alguna de que este tipo de empresas puedan competir frente a la apertura descontrolada de los mercados —a pesar de que Federico Sturzenegger sostenga que "la apertura genera más importaciones y más exportaciones"—.
El gobierno no abre las importaciones para favorecer a la industria, lo hace para que los precios bajen y así poder contener la inflación. Pero lo hace destruyendo el consumo, es un círculo vicioso, esos cientos de miles de trabajadores que son despedidos significan menos consumo.
Frente a esta desigualdad de condiciones el gobierno les ofrece a los empresarios de la pequeña y mediana industria o industria nacional, las "maravillas" de la reforma laboral. Pero ni siquiera esta ley los puede salvar. Con las importaciones crecientes —debido a la eliminación de aranceles—, la quita de subsidios y la una brutal caída del consumo se les hace imposible subsistir.
La escala de producción de las empresas chinas, por ejemplo, es tan grande que el costo salarial de los obreros resulta casi marginal en relación a las ganancias obtenidas. Si un obrero argentino produce 10 neumáticos en una hora, un obrero chino produce 100; si una empresa como Fate trabaja para el mercado local, una empresa china produce para 1000 millones de personas, su espalda de producción es gigantesca. Por más que el costo laboral sea cero, no hay manera de que una empresa como Fate pueda compensar esta desventaja. Ninguno de los favores de la reforma laboral, como la exención de gastos en juicios laborales, va a marcar diferencia alguna.
En este marco de destrucción de miles de industrias, no hay forma de que surja algo nuevo —como sostiene el gobierno— ni siquiera se puede sostener lo viejo. De esos cientos de miles de puestos de trabajo que se pierden sólo una pequeña fracción puede ser tomada por la industria agrícola, petrolera o la minera, el resto pasará a formar parte de los millones de desocupados o, en términos marxistas, del "ejército industrial de reserva".
Una crisis de dimensiones históricas
Veamos algunos datos. Según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) desde que asumió Milei, en diciembre de 2023, cerraron 22.479 empresas en Argentina; de 512.898 compañías registradas en diciembre de 2023, se pasó a 490.419 en noviembre de 2025. En ese mismo mes cayeron alrededor de 900 empresas.
Según esa misma SRT cuando Milei asumió la presidencia el sistema registraba 9.893.914 trabajadores en blanco, dos años después esta cifra descendió a 9.566.573, lo que da una pérdida total de 327.341 puestos de trabajo registrado. Entre los sectores más afectados se encuentra la industria y el sector público:
- Industria manufacturera: perdió 73.477 trabajadores (de 1.215.614 a 1.142.137).
- Administración pública: cayó en aproximadamente 95.000 puestos (de 2.611.993 a 2.516.000).
- Actividades administrativas y servicios: retrocedieron en 21.617 empleos.
- Servicio doméstico: registró 24.768 trabajadores menos respecto a diciembre de 2023.
El INDEC ofrece datos similares. Según este organismo, desde que asumió Milei, se perdieron alrededor de 60.000 empleos en el sector público, a razón de 82 empleados por día. La mayor parte de los recortes recayeron sobre las empresas y sociedades del Estado que perdieron 20.602 puestos. Entre estas la que registró más bajas es el Correo Argentino y le siguen Operadora Ferroviaria S.E, con 3504 cargos menos (-14,7%); el Banco Nación, que se contrajo en 2010 agentes y la empresa Aerolíneas Argentinas, que redujo su plantel en 1913 puestos.

En relación a los conflictos laborales, un relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) dice que la conflictividad laboral se disparó en los primeros dos años de gestión, y que casi se duplicó tras las elecciones de octubre de 2025. Desde el inicio del gobierno de Javier Milei hasta el 5 de febrero de 2026 se registraron al menos 717 casos de conflictividad laboral en todo el país. La industria es la principal víctima del modelo económico, el 62,1% de los conflictos laborales se concentraron en este sector, siendo textil, alimentos, metalurgia, siderurgia y automotriz los más golpeados. En términos geográficos, el 48% de los conflictos se concentraron en el centro del país, principalmente en la provincia de Buenos Aires.
Estos datos demuestran que el proceso de desindustrialización tiene como centro el conurbano bonaerense, la zona más poblada de Argentina y núcleo manufacturero del país. Cerca del 90% de las empresas industriales que cierran se localizan en esta zona. En una entrevista, Patricia Bullrich afirmó que "la economía no ha dejado de crear empleo", demostrando la caradurez extrema que pueden llegar a tener los funcionarios del gobierno.

Está claro que el cierre de Fate no es un hecho aislado, es la regla general. En el sector textil se suma TN Platex con el despido de 900 empleados, el cierre de la planta de Whiirlpool en Pilar para transformarse en importadora desde Brasil, en Ledesma 200 despidos, Cerveza Quilmes abre los retiros voluntarios, y así podríamos seguir. Los números hablan por sí solos, estamos frente a una crisis histórica.
La crisis económica y social que desembocó en el estallido del 2001 ya no se ve como algo lejano, podríamos estar en el principio de algo mucho peor. Y no estamos exagerando, en la última medición de los niveles de pobreza del INDEC —dicho sea de paso que el gobierno festejó diciendo que se había reducido la pobreza— daban un 31,6%; pero si en Argentina se utilizara la "medición multidimensional" —que es la oficial en México, Brasil y Chile—, los datos arrojarían una pobreza de alrededor del 67% —según estimaciones de fines de 2025— ¡Una verdadera catástrofe!

Los números del gobierno son una mentira, del relato ya no quedan ni siquiera los recuerdos
Al gobierno de Milei no le cierran los números y por eso se ve obligado a ocultar los datos de la inflación, expresados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Esta maniobra nos remonta al periodo 2007-2015, cuando el nefasto personaje de Guillermo Moreno manipulaba el INDEC durante el primer y segundo gobierno de Cristina Kirchner.
El gran caballo de batalla de Milei es el cuento de que está acabando con la inflación, pero solo basta con ver dos elementos fundamentales para refutar este verso. El primer elemento es que cualquier persona de a pie se da cuenta que la plata alcanza cada vez menos, los alimentos aumentan, los servicios aumentan, los alquileres aumentan, todo aumenta y cada vez es más difícil llegar a fin de mes. La clase media deja de serlo para sumergirse en la pobreza, y no hay mejor indicador de esto que los números conocidos el año pasado sobre el crecimiento —de un 55% entre julio de 2024 y julio de 2025— del endeudamiento por el uso de tarjeta de crédito, alcanzando los 11,5 millones de personas —casi el 25% de los habitantes—. La segunda cuestión es que los números del INDEC que utiliza el gobierno están tremendamente desactualizados y dibujados.
Los datos que publica el INDEC son los del Índice de Precios al Consumidor (IPC), estos se basan en una encuesta que se realizó en los años 2004 y 2005 (ENGHo 2004/2005) ¡Hace más de 20 años! Como para tener una idea de lo que significa este desfasaje, el listado de bienes y servicios considerado para la medición del IPC —de acuerdo con la información oficial—, incluye, entre otros: fax y accesorios para fax, teléfonos fijos y amplificadores, contestadores automáticos, cintas de video y VHS, disquetes, radio relojes, CD y DVD vírgenes; partituras y revelado de películas fotográficas; telegramas y alquiler de películas.
Además hay que considerar que en las encuestas de los años 2004 y 2005 el peso de los servicios —transporte, luz, electricidad, agua, gas— era mucho menor porque estaban fuertemente subsidiados, incluso los alquileres eran más bajos. Posteriormente, durante el gobierno de Macri primero y el de Milei después, hubo varios aumentos de estos servicios por la quita de subsidios.
Ni siquiera se incorporaron los datos de las encuestas elaboradas por el macrismo en el 2017 y 2018 (ENGHo 2017-2018) —que convengamos que ya están bastante desactualizados—, pero que tanto el Banco Central de la República Argentina (BCRA), así como el Presupuesto Nacional e incluso el FMI, habían anunciado que iban a actualizar. Todo esto nos hace pensar no solo que los números reales de la inflación deben ser bestiales, sino en los millones y millones de argentinos que ya está bajo la línea de pobreza o directamente en la indigencia ¿Acaso no vemos todos los días que cada vez hay más gente durmiendo en las calles de las grandes ciudades o que en algunas ciudades o pueblos del interior, donde prácticamente no había hambre, ahora es cosa de todos los días?
El respirador artificial de Trump y el FMI
En el 2018, y por iniciativa del propio Trump, el FMI le prestó al gobierno de Macri 57 mil millones de dólares de los que se llegaron a desembolsar 45 mil millones, siendo este el préstamo más grande de la historia del organismo y que, incluso, violaba los propios estatutos del fondo.
Cuando asumió Alberto Fernández, Argentina ya era el principal deudor del FMI. En 2022, durante su gobierno, se firmó un nuevo acuerdo por 44 mil millones de dólares para refinanciar la deuda del préstamo anterior y así evitar el default.
Con la llegada de Milei la dependencia se profundizó. Argentina seguía debiendo más de 40 mil millones de dólares al FMI y necesitaba financiamiento para estabilizar el mercado cambiario. En 2025 el gobierno negoció un nuevo préstamo cercano a los 20 mil millones de dólares destinado a reforzar las reservas y sostener la confianza de los mercados.
Detrás de este nuevo empréstito estaba el respaldo de Donald Trump —al igual que en el 2018— y del Secretario del Tesoro Scott Bessent. Al préstamo se sumaban las amenazas de Trump diciendo que si el Gobierno no ganaba las elecciones nacionales no daría la ayuda que ya había comprometido. En palabras del propio Trump: "A Milei le di mi apoyo. No se supone que deba apoyar gente, pero lo hago cuando me gusta la gente. Milei estaba un poco detrás en las encuestas, pero terminó ganando"
Queda claro que el objetivo político era sostener al gobierno de Milei, que venía de sufrir una derrota en las elecciones provinciales bonaerenses con el peronismo encabezado por Axel Kicillof, sumado a la derrota en el Congreso —donde la oposición consiguió los vetos contra la Ley de Financiamiento Universitario y de Emergencia de Discapacidad—; mientras que el objetivo económico era estabilizar el tipo de cambio, evitando las corridas bancarias y sosteniendo la confianza de los inversores.

Esta "ayudita" del imperialismo, como ya es bien sabido, no la pagan los empresarios ni los políticos de turno. La pagan los trabajadores y el pueblo argentino con menos hospitales, menos escuelas, menos rutas, menos empleo, etc. La deuda se salda con el esfuerzo y el bolsillo del pueblo pobre a cambio de nada o, mejor dicho, a cambio de más pobreza. También significa la pérdida de soberanía y el mayor sometimiento —aún más de lo que ya estamos— a las reglas del imperialismo.
Pero que el país viva endeudado y que el pueblo pague los chanchullos de los millonarios dueños del país ya es parte del ADN de la historia de la Argentina capitalista. Aquí lo que nos interesa remarcar es la fragilidad del gobierno; porque esta ayuda "incondicional" de Trump, que hoy se presenta como una de sus principales fortalezas, puede ser su mayor debilidad: una derrota electoral del trumpismo —que en las encuestas muestra un 50% de rechazo y 38% de apoyo— frente a los demócratas, podría desatar una crisis financiera en la economía argentina, que es totalmente dependiente de la billetera de Scott Bessent. Las multitudinarias movilizaciones del pueblo estadounidense contra Trump pueden ser una verdadera pesadilla para Milei. El respirador artificial del trumpismo tiene fecha pronta de vencimiento.
La reforma laboral no va a cambiar nada porque ya existía en los hechos
Al momento de imponerse la reforma laboral en Argentina ya hay millones y millones de trabajadores y trabajadoras que viven, hace muchísimo tiempo, en condiciones de precariedad e informalidad o, en otras palabras, en ese "mundo ideal" de Milei. La mitad de la clase obrera carece de alguno o de varios beneficios —vacaciones pagas, horarios razonables, aguinaldo, condiciones dignas de trabajo, de seguridad, representación gremial, etc.— o no sabe lo que es tenerlos. El panorama es desde hace muchísimo tiempo desolador.
Trabajo y pobreza ya dejaron de ser cosas contradictorias desde hace mucho tiempo; la necesidad desesperada de insertarse en el mercado laboral es para millones de personas más importante que cualquier expectativa sobre las condiciones —laborales— de esa inserción. Millones de trabajadores pasan de la formalidad a la informalidad, al cuentapropismo, las "changas".
Miles de mujeres de la clase trabajadora se ven sometidas a una carga laboral extenuante ya que, además, deben ocuparse de las tareas de cuidado. En la clase media el "chiste" de "hacete un Only Fans", porque no te alcanza con tu laburo, dejó de ser un chiste para convertirse en "cosa seria".
Pero esto ya venía desde antes. Cuando una gran cantidad de personas se reincorporaron al mercado laboral durante el kirchnerismo lo hicieron en condiciones de informalidad y de precariedad; una muestra de esto es que cualquiera que haya trabajado o que trabaja en el Estado sabe que es un trabajo altamente precarizado e informal. Estas condiciones fueron aumentando progresivamente todo este tiempo, ya sea en el empleo estatal o el privado.
El kirchnerismo fue el principal responsable del actual deterioro de las condiciones laborales. Hizo la reforma laboral de hecho, llevando a la mitad de la población trabajadora a la informalidad, la precariedad y el cuentapropismo, teniendo al propio Estado como uno de los grandes precarizadores. En este contexto llega Milei ¡No salió de un repollo!
En este marco afirmamos que la reforma laboral no va a mejorar las condiciones de empleo, no va a generar un blanqueo significativo, tampoco es un incentivo a la contratación determinante: los empresarios contratan si la economía va bien y ven que contratando trabajadores pueden obtener ganancias. La reforma laboral es la legalización de una situación que ya existe hace mucho tiempo y cuyo principal responsable es el peronismo/kirchnerismo.
La propaganda mediocre del gobierno y la hipocresía del peronismo
Desde los medios y el oficialismo se difunden discursos de engaño para endulzar la reforma. Uno es el de "se tu propio jefe", que promueve al trabajador como "empresario de sí mismo", como "emprendedor", como "colaborador", etc., toda una sarta de mentiras para que el trabajador no se reconozca como sujeto de la clase obrera y para que se autoconvenza de que si no se hizo rico por cuenta propia es por falta de cualidades u empeño. El otro discurso es el de que cualquier tipo de derecho laboral es un impedimento para el crecimiento económico y que, por lo tanto, perjudica a la larga, a los trabajadores. Un discurso mediocre, de "intelectual de Tik Tok", que aboga por la "libertad" —¡pero de morirse de hambre!—, o de que son los propios trabajadores los que "explotan" a los empresarios. Toda una parafernalia mediocre que insulta la más mínima inteligencia humana.
Mientras los liberales que nos gobiernan profundizan este cambio estructural en el modo de producción, el peronismo se lava las manos y juega de oposición. Pero como ya vimos, este fue uno de los principales precarizadores, no solo desde el Estado, también desde los sindicatos desde los cuales se supone debería defender a la clase obrera.

Resulta casi cómico que el principal antagonista del gobierno sea Axel Kicillof, que es un experto en castigar a los docentes que hacen algún tipo de medida, como la huelga, para defender sus condiciones laborales de los ataques constantes del gobierno. O que impone paritarias del 3% pactando con la burocracia sindical ¡La misma burocracia que es agente directo de la reforma laboral!
Grandes sectores de la clase obrera solo conocen la precariedad y la informalidad, por eso las campañas del peronismo contra Milei —así como lo fueron contra Macri— resultan vacías. A los ojos de la clase obrera resulta que se presentan como sus salvadores los mismos que destruyeron sus condiciones laborales. Millones de trabajadores se preguntan ¿Qué derechos van a quitarnos con esta reforma si ya no tenemos ninguno? ¿Aquellos que destruyeron nuestros derechos año tras año son supuestamente los mismos que ahora van a defenderlos?
La reforma laboral y el pacto con la CGT
El gobierno de Milei hizo la reforma laboral "más grande en los últimos 50 años", entonces ¿Por qué la CGT no hizo absolutamente nada? La verdad es que entre el gobierno y la central sindical hay un pacto. La CGT —que debiera de ser un organismo democrático, conformado por obreros, que defienda los intereses de la clase obrera— es prácticamente una "cámara empresaria" que defiende sus negocios. Aunque "vendió humo" con la renovación en 2025 eligiendo nuevos titulares jóvenes y desconocidos, los que mandan siguen siendo los mismos: Gerardo Martínez, Hugo Moyano o Armando Cavalieri suman más de treinta años en el gremio. Estos burócratas parásitos devenidos en burgueses, construyeron verdaderos imperios basados en el poder de sus sindicatos y la caja de aportes de sus afiliados. Cuando Milei dice que son una casta tiene toda la razón, pero miente cuando dice que los quiere eliminar, por el contrario, quiere hacer negocios con ellos.

El proyecto original de la Reforma Laboral amenazaba la principal forma de financiamiento: las obras sociales, sus cajas y la cuota sindical. La cuota solidaria iba a pasar a ser voluntaria y con la rebaja en las contribuciones patronales las obras sociales iban a perder, según los sindicatos, más de 90.000 millones de pesos por mes. Pero nada de esto va a ocurrir ya que Milei hizo un pacto con "la casta".
Como lo hemos venido explicando en diferentes notas, desde que comenzó el mandato, el gobierno de Milei es profundamente débil. Surgió como un gobierno débil pero además ha ido profundizando esta característica. Es un gobierno que se sostiene gracias al apoyo de todo el aparato opositor —principalmente el peronismo—, y hay un síntoma rotundamente esclarecedor de lo que venimos afirmando y es que el gobierno de Milei es el campeón de los pactos.
Al principio aparece amenazante, como si quisiera imponerse al mundo como un poderoso dictador, para luego pactar como la más débil de las democracias. Este mecanismo es muy evidente: primero amenaza con bajar los ingresos a las provincias por un recorte del impuesto a las ganancias pero después retrocede a cambio de votos en el senado; primero amenaza con cortar el financiamiento de las cámaras empresarias y después retrocede para evitar sus cuestionamientos; primero amenaza las cajas de los sindicalistas pero después se las cuida para que no haya reclamos. Si la CGT asegura sus ingresos no le hace paro a la reforma, solo alguna que otra pequeña movilización para que después, los noticieros, digan que hicieron algo.
Y así el gobierno consigue una ley para mostrar al capital internacional que en Argentina los laburantes somos más baratos. Y este regalo lo paga el pueblo trabajador con el recorte de horas extras, con el banco de horas, indemnizaciones más bajas, vacaciones fraccionadas y un poder casi absoluto para los empresarios.
El negocio más grande de la reforma laboral: el Fondo de Asistencia Laboral
El negocio más grande de la reforma es el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), una nueva caja para pagar jubilaciones y despidos. Pero el dinero que se destina a este fondo sale de la caja más importante, la que paga las jubilaciones todos los meses y que financiamos nosotros los trabajadores: la caja del ANSES.
El dinero sale de una contribución mensual del 1% sobre los sueldos para las empresas grandes y del 2,5% para las pymes (pequeñas y medianas empresas). Pero esto no significa que el empresario va a tener que pagar más, al contrario, a cambio el gobierno rebaja en la misma proporción las contribuciones al sistema de seguridad social del ANSES. El empleador va a pagar las mismas contribuciones en el recibo de sueldo pero si decide echar a un trabajador va a pagar menos, porque para eso está el FAL.

Como resultado el Estado pierde miles de millones de pesos que pasarían a las empresas. El FAL es el negocio más grande de la reforma laboral y pasaría a beneficiar directamente a los amigos de Caputo: el empleador aportará cada mes el 3% de la remuneración bruta de los trabajadores pero esos aportes irán a una cuenta administrada por entidades financieras registradas en la Comisión Nacional de Valores (CNV) y controladas por el Estado. A cambio, las empresas verán reducida en tres puntos su contribución al SIPA, el sistema de jubilaciones. Lo que antes iba a financiar las pensiones, ahora se desviará a un fondo que financiará los despidos, en otras palabras: ¡El Estado subsidia los despidos!
De este modo los Fondos de Asistencia Laboral van a funcionar como una financiera, reciben dinero todos los meses y, de vez en cuando, tienen retiros para pagar las indemnizaciones. En el medio hay una "valorización financiera", el FAL invierte sus ingresos en la bolsa para generar una ganancia, mientras que las financieras involucradas en la "timba" cobran comisiones por manejar el dinero. De paso el proyecto elimina cualquier tope al porcentaje de comisiones que puedan cobrar las gestoras. El negocio es tan burdo que en el borrador original de la reforma laboral había un tope del 2% para las comisiones pero lo borraron.
La caja del FAL sale directamente del ANSES que es el organismo que paga las jubilaciones, las pensiones, la asignación universal por hijo, el resultado: menos guita para pagar las jubilaciones y más plata para las financieras. Pero el objetivo principal de este negocio no es solo enriquecer a los "amigos de Caputo", el plan económico de Caputo necesita todo el tiempo de nuevas cajas para mantener el dólar planchado, necesita multiplicar la "timba" o el gobierno se cae a pedazos.

Necesitamos un Argentinazo para terminar con este plan
Si hay algo que nos queda claro es que el rumbo que tomó el gobierno es completamente inviable, un modelo que quiere dejar por fuera a millones de trabajadores en un país con más de 60% de pobreza es una bomba de tiempo, los conflictos sociales inevitablemente van a aumentar. Tenemos que estar preparados para lo que se avecina y para eso necesitamos una herramienta política y de lucha que nos permita organizarnos para luchar, el Nuevo PST es esa herramienta y por eso te invitamos a sumarte a nosotros.
A pesar de que muchos honestos activistas vean este momento del país con mucho escepticismo la realidad empieza a demostrar lo contrario. El triunfo de la lucha de los policías de Santa Fe ya abrió paso a la lucha de los docentes autoconvocados de esa provincia, y esto es solo la antesala de lo que se avecina. Inclusive se suman con fuerza las luchas por el medio ambiente, como la del pueblo mendocino por el agua en contra de la minería.

Estos procesos están atravesados por un rasgo común y fundamental: el rompimiento con las viejas direcciones burocráticas, el peronismo e incluso, con la izquierda. Y, sin embargo, son masivos, abarcan a amplios sectores de la población y pueden poner a los gobiernos de cabeza. Ya vimos un anticipo de esta verdadera "revolución política", a mediados del 2024, en el levantamiento popular de Posadas, en la provincia de Misiones, cuando los docentes, estatales y hasta la misma policía acuartelada pusieron en jaque al gobierno de Hugo Passalacqua.
Todo lo contrario a lo que ocurre en las convocatorias de la izquierda, el peronismo y la burocracia sindical que son cada vez más marginales. Es que las masas ya rompieron —hace largo tiempo— con ellos, ya hicieron una experiencia con estos sectores y se vieron completamente traicionados. El activismo de izquierdas de estos aparatos, en su ceguera sectaria, no puede ver lo progresivo que es este proceso y por eso los margina o los tilda de reaccionarios.

Es urgente centralizar todos estos conflictos dispersos que se incrementarán con la agudización de la crisis. Pero esta tarea no debe canalizarse en la acción conciliadora de la CGT; esta burocracia podrida —que permitió la aprobación de la reforma laboral y que hace todo lo posible para que Milei se sostenga—, tiene como principal objetivo enfrentar al gobierno electoralmente en el 2027 con otro fraude como lo es Kicillof, que hoy aplica el mismo plan en provincia de Buenos Aires.
Por otra parte la izquierda del FITu y sus satélites —en donde ocupa puestos de responsabilidad sindical— tiene una orientación sectaria y aparatista: "tomas" de fábricas (Fate, Lustramax) o cortes de ruta sin obreros, solo con unos pocos activistas y sus propios aparatos. Estos métodos nefastos dividen y desmoralizan a la clase obrera. Hay que sacar a patadas de todos lados a la burocracia de izquierda y formar una nueva dirección para unir a la base y recuperar la democracia obrera.

Pero lo más importante es entender que este plan no se puede derrotar sin echar a este gobierno. Nosotros somos claros en esto, no vendemos un "show de Tik Tok", ni andamos paseando todo el tiempo por los canales de la tele y el streaming, tampoco vamos a ofrecer un show en el congreso para terminar avalando ese nido de ratas como lo hace la izquierda del FITu. La única salida es derrotar al gobierno en las calles, necesitamos un Argentinazo para terminar con este plan.
Se necesita una nueva dirección democrática, con independencia de clase y donde sea la base la que decida. Eso es el marxismo, retomando la vieja consigna de que "la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos". Para desarrollar esta tarea te invitamos a ser parte de nuestro partido: el Nuevo PST.
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